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Antiguo 07-06-2011, 01:58:08   #259
Jorge Cila y M.Teresa
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Fecha de Ingreso: Aug 2006
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Predeterminado Re: Para los amantes del altiplano.

Cerca de una hora más tarde de lo presupuestado llegamos a la mina, o sea anduvimos aproximadamente unos 30 K. más de lo presupuestado. Eso posiblemente significaba que no llegaríamos ni siquiera a la carretera 43
Sentía en mi interior unas sádicas carcajadas del burro.

Cansados por la tensión y anocheciendo buscamos un lugar donde dormir en las ruinas de las construcciones.
Hacía mucho frío, el viento muy helado se colaba en todas las edificaciones, hasta que por fin encontramos el único lugar habitable, la iglesia.
Un joven zorrito se acercó hasta la puerta de la iglesia, posiblemente no conocía al ser humano.
Comimos y nos dormimos simplemente agotados.







Al día siguiente nos levantamos, desayunamos, barrimos la iglesia y nos fuimos.








En el intertanto ya habíamos ubicado en el mapa el poblado de Antofalla, efectivamente estaba en nuestro camino pero la ruta daba una cantidad de vueltas increíbles antes de llegar.
Consultando nuevamente al GPS, al oráculo y a los dioses del Olimpo, me auto-convencí que al menos llegábamos hasta allí pero M.Teresa no me creyó.

El camino bajaba hacia el salar y cuando llegamos abajo nos encontramos con una construcción de tipo industrial nueva donde no había un alma. Encontré un garaje en cuyo interior había una camioneta, ¡Mierda!.... era petrolera.
Dado que apareció un perro supusimos que estaba habitado. Efectivamente al poco rato apareció una persona con quién conversamos nuestro problema y nos dio un rayo de esperanza.
Miren, ven allá en la mitad del salar? ahí hay una mina de potasio que usa nafta (bencina) para los motores de los pozos. Está sólo a 8 Km. de aquí.
Mi mente trabajó febrilmente: 8+8 = 16
¿Y si no tienen? ¿Y si no nos convidan? 16 Km. menos y no llegamos siquiera a Antofalla.

El hombre muy inteligentemente me leyó los pensamientos y nos llevó en su vehículo hasta la mina. Nuestros ánimos seguían bailando entre la ansiedad y la depresión.
Nos recibieron muy amablemente pero…………….tenían que pedir autorización al superior.
(vuelta a la depresión).

Al ver que el jefe tomaba un teléfono satelital me acordé que en Santiago me había hecho el propósito de arrendar uno, ya que no estábamos en edad para tener problemas de comunicación, en caso de dificultades.
Muy simple, posteriormente lo olvidé.

El hombre del teléfono desapareció mientras nosotros conversábamos con los demás.
Pasaban los minutos y nada. Y seguía sin pasar nada.
Después unos eternos 10 minutos apareció. Nos autorizaron 15 litros pero el empleado de la mina nos llenó el bidón con 20 litros. Casi lloramos pero esta vez de alegría.






Hacía mucho tiempo que no sentía un relajo tan grande porque sabíamos que desde este punto hasta Antofalla nada existía.
Después de los sinceros agradecimientos volvimos a buscar nuestra camioneta y con una sonrisa de oreja a oreja nos despedimos de nuestro salvador y enfilamos hacia el más bello salar de la zona, Salar de Archibarca.

Nuestro salvador




Final del Salar de Río Grande



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