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Antiguo 09-08-2011, 08:41:01   #278
Jorge Cila y M.Teresa
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Predeterminado Re: Para los amantes del altiplano.

Y ahora qué….



Partía de la base que la huella no podía desaparecer tan fácilmente y antes de tomar una medida extrema (bajar derecho al salar rojo) teníamos que hacer lo posible por retomar el camino correcto. Como el GPS marcaba la ruta hacia la izquierda fuimos a analizar con mas detalle la zanja que había ahí
Para recorrer la zanja hacia arriba tuve que desinflar y hacer trabajar el turbo al máximo. Era la única manera de subir pero llegó un momento en que la Toyota no dio más. Logré subir sólo unos 30 metros.
Continuamos subiendo a pié (muy despacio) y unos 20 metros más arriba encontramos una pasada y las huellas que seguían más allá….ufffff qué alivio.
Pero no era tán fácil, primero, tuve que hacer subir la camioneta tratando de no desmontar en esa arena gruesa y suelta, haciendo piruetas para todos lados y segundo, la pasada presentaba un hoyo en el cual podría caer con la rueda derecha trasera. En condiciones normales (o sea acompañados por otro vehículo) habría pasado hasta con los ojos cerrados pero…… esa no era la situación.
Estábamos en la mitad de la nada. Aproximadamente a 100 Km de cualquier lugar habitado, por lo tanto había que extremar las medidas y con el dolor de mi cuerpo tomé la pala y me puse a cavar una huella para las ruedas izquierdas y atravesar la zanja con total seguridad.





Y pasamos sin problemas.




La huella seguía a mitad de la ladera con una pendiente bastante pronunciada y posteriormente descendía en línea recta hasta una planicie al lado del salar rojo. Otra vez un suspiro de alivio pero, no sería el último.





Continuamos el camino hasta llegar nuevamente al salar de Antofalla que recorrimos hacia el sur y cruzamos uno de sus brazos en una parte de arenal muy pesado. Casi al final de su parte ancha llegaba a su orilla
roca volcánica producto de alguna lejana erupción, creando un hermoso camino en lava con vista a la vega del salar.






Todo un precioso paisaje que invitaba a la contemplación pero (otra vez un pero…)
una ligera inquietud me molestaba, ningún neumático es amigo de esta clase de piedras.




Afortunadamente el sendero era relativamente ancho y las pasadas complicadas fueron pocas.
Llegamos al final del salar y antes que oscureciera levantamos la carpa en una protegida planicie. Comimos y rápidamente nos dormimos después de una linda y tensionada jornada.


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