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Antiguo 13-06-2012, 01:51:54   #735
pairospam
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Predeterminado Re: Merkabah: de tolva a motorhome

Bueno, siguiendo con la historia, ya les había contado que tiempo había tenido muy poco para dedicarle al proyecto y que solo en algunas ocasiones había podido ocuparme de la Merkabah y sus necesidades en las últimas semanas.

En algún momento pasé por un negocio de venta de repuestos Mercedes y compré el tensor del alternador que tanto me pedía el motor la vez que tuve que soltarlo para sacar el ventilador. Aunque no me gustó la terminación, de factura brasileña, la pieza se veía firme y sin duda mejor que la pieza original, reparada y a medio agripar.

Completé el equipo de arenado con una máscara de protección con visor incorporado y estuve listo para hacer las pruebas con la arena que había conseguido y que había preparado. Vestido como para secuestrar y diseccionar a E.T. traté de ver si la cosa iba a funcionar o no después de tanta cháchara. Un semi-desastre.

La cosa no caminó para nada con la fluidez que yo esperaba, a veces saliendo arena a bocanadas y otras sin arena en absoluto, con el compresor funcionando todo el tiempo.

Luego de sudar como loco y de sesudas reflexiones la cosa fue fácil de explicar: simplemente la arena estaba tan contaminada de polvo fino de la misma arena chancada que no podía escurrir fácilmente por la manguera, provocándose tapones de arena fina que el efecto Venturi no era capaz de superar. Sin embargo, cuando la arena sí salía el resultado era espectacular en cuanto a que salían volando óxido y pintura vieja por parejo. Bien.

El compresor funcionaba y funcionaba porque la válvula del mismo está mal regulada ya que da la partida al motor apenas la presión baja de 130 psi a 110 psi y no a las 70 o 60 psi como debiera, no dejándote trabajar tranquilo. En fin… máquina china fuera de garantía, nada que hacer.

Consultado el gurú (mi señor padre), me aconsejó conseguir gravilla fina, de esa que echan en los caminos rurales al asfaltarlos. Partí entonces a comprar un trozo de la malla más fina que pude encontrar y fui a dar una vuelta a buscar un lugar adecuado de donde sacar gravilla del río Putaendo ya que del río Aconcagua me podía olvidar. No hubo caso tampoco, solo montones de piedras y tierra con una pizca de arena y basura por doquier.

Entonces, decidí ir a la fuente más cercana y estuve algo más de un par de horas arneando la gravilla de unos buenos metros de la orilla del camino que va al corral donde reposaba la Merkabah. El resultado esa vez fue bastante prometedor, aunque debí de arnear como un metro cúbico para poder obtener medio recipiente de gravilla tamizada, lo justo para hacer otras pruebas y para terminar los dos ejes según mis cálculos al ojímetro.

Apenas tuve más tiempo, lo que fue siempre difícil durante todo el mes de mayo, me enfundé en el traje de sudar y me puse a hacer más pruebas con la pistola arenadora y la nueva gravilla. Esta vez la cosa anduvo mejor pero tampoco la arena salía con la necesaria fluidez. Tuve que colgar el recipiente para que la gravedad ayudase a la salida de la gravilla pero igual no era suficiente.

Extraordinario juguetito este de la arenadora, en todo caso; los rinconcitos difíciles quedaban lo suficientemente libres de mugre y óxido como para confiar en que el wash primer y la pintura nuevos se adhirieran bien.

El problema con esta técnica es que el polvo que se desprende en el proceso es muy fino y dañino para la humanidad y para las máquinas. Es tan fino que aún después de media hora aún seguía flotando dentro de la “cámara” de arenado, y eso que no era un ambiente sellado completamente. Se lo puede apreciar como el claror difuso en la foto del recipiente colgante.

Aproveché el ánimo y tomé también el cardán corto que va al tercer eje y lo empecé a arenar así no más, con toda la tierra y la grasa que tenía encima, y también me gustó cómo iba quedando. Le tiré arena a los rinconcitos donde los cepillos y gratas no iban a llegar, y un poquito más, y así me ahorré algunos minutos de cepillado.

De todos modos, el arenado no es rápido ni es fácil, al menos como yo abordé el tema, y Nigel y los que han hecho esto estarán de acuerdo conmigo. Como solo iba a arenar los rincones difíciles el consumo de arena no era mucho, lo cual se agradecía viendo lo engorroso de conseguirla. La que se recuperaba del suelo estaba muy contaminada con polvo y trozos de óxido y pintura; para reutilizarla habría que lavarla y tamizarla de nuevo. Hmm...

Decidí finalmente que resucitar la Terrano me habría consumido más tiempo del disponible para avanzar con la Merkabah, así que empecé a buscar otro 4x4 para reemplazar a la venerable Nissan. Ya he dicho antes que me gustaban los fierros japoneses de los noventas y que me encantaba el diseño y las prestaciones de los Mitsubishi Montero, así que empecé la búsqueda de uno que estuviera en buenas condiciones. Algo difícil pero no imposible.

Carmen vio en un momento determinado las fotos de un Montero particularmente atractivo en Internet y dijo: “Ese es!...ese es mi auto! No sé por qué, la magia de siempre, pero le creí.

A fines de Abril nos pegamos un viaje a revisar distintos prospectos, Carmen, Eduardo y su esposa y yo, y por razones varias y sin razón clara llegamos hasta Chillán, hogar del mentado 4x4. Muy caro, volvimos a casa luego de un tardío y opíparo almuerzo en La Motoneta, sin Montero alguno pero con una pequeña esperanza.

Y la semana pasada, más de un mes después y de forma inesperada, una llamada; el tipo al final aceptaba mi oferta y me vendía el Montero. La visión de Carmen resultaba cierta, al final.

Así que un día me levanté a las cuatro de la mañana, me enfundé en la ropa de moto, pasé a buscar a Eduardo y nos fuimos raudos en medio del gélido rocío matinal a tomar el bus a Santiago. Llegamos justo a tiempo, casi congelados, y nos subimos.

Cuento corto: revisamos de nuevo el vehículo, hicimos todo el papeleo y pagamos todos los certificados y todos los benditos impuestos y apenas pudimos llenamos estanque y partimos de vuelta a San Felipe. Rico el 4x4.

Cuando llegamos a Santiago pasamos a buscar la Africa Twin al estacionamiento de la Terminal de buses y Eduardo siguió camino en el Montero. Mientras esquivaba el insoportable taco de la tarde santiaguina, en el estacionamiento de la COPEC de Colina se me apareció un MAN 4x4 con una Caja hecha en Alemania por Boklet, espectacular.

Desgraciadamente, cuando me aproximaba para estacionar a una cierta distancia, el tipo que estaba al lado del camión se metió dentro de la Caja y cerró la puerta. Un chorro de agua salía de un tubito directamente al suelo; alguien estaba tomando una ducha adentro, y dejaban que el agua corriera abiertamente por la calle. Hmm…

Al principio no supe qué pensar, pero no pude evitar sentir un malestar interno ya que mi idea de viajar en un camión así de atractivo por países extraños al tuyo incluye contactar e interactuar con las gentes de los distintos lugares que visitas, es inevitable y además parte del cuento. Quizás estaban cansados a esa hora de la tarde, o quizás hayan estado interactuando todo el santo día con otros curiosos, no lo sé, pero recordé que en una ocasión estábamos en un camping en San Pedro de Atacama y llegó una docena de motorhomes que se estacionó en el camping, la mayoría proveniente de Suiza y de Alemania. Estuvieron al menos cuatro días, y en ningún momento cruzaron palabra con otra persona que no estuviera en el mismo convoy que ellos excepto para el inescapable y frontal: Guten tag! Cero interacción con el perraje, al menos en lo que a mí me consta mientras estuvieron allí.

Yo me dirigí a uno de los conductores en algún momento y tuvimos una breve plática, muy gentil, parecía una buena persona, pero no estaba muy en onda así que la cosa no prosperó.

No soy yo el que tiene la última palabra ni me interesa serlo, pero con este recuerdo extraño en la cabeza no es difícil pensar en que hay gente que tiene un concepto totalmente distinto al de uno respecto de los viajes y de sus motivaciones. Espero que la sensación amarga esté equivocada y que en realidad haya sido una coincidencia desafortunada o un momento inapropiado y eso es todo.

En cualquier caso, rico el camioncito. Perdón por la magra calidad de la foto pero no daban más ni la cámara del teléfono ni la mano tiritona del cansado fotógrafo.
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