Como a esas alturas ya estaba cansado de mover fierros pesadísimos dejé el asunto para después, como suelo hacer cuando me cabrea algún aspecto particular del proyecto, y tomé algunas piezas de la suspensión y uno de los cardanes ya preparados y limpios y los rocié con washprimer para evitar que se oxidaran, solo por hacer algo más liviano y entretenido.
Al dia siguiente aproveché de visitar el taller de Don Victor, en el trabajo, y traté de reensamblar el cardán corto usando las crucetas nuevas modificadas. La cabeza de los pernos que usé para cerrar los orificios de las graseras originales de las crucetas quedaron muy altos y limitaban el movimiento de las juntas, pero de ello solo me percaté una vez tenía armada ya una de las juntas, pero no tenía intenciones de desarmarla así es que agarré una sierra de metal y como pude le rebajé la cabeza al perno famoso. Luego de la truculenta maniobra pude terminar de ensamblar todo y rebajé el perno de la otra cruceta con el esmeril antes de armar la junta de ese extremo. Finalmente, y luego de un buen tiempo, el cardán estaba listo.
Esa misma tarde, ya en el taller de la Merkabah, me taponeé los oídos y le di al esmeril angular hasta que las monturas de las abrazaderas modificadas se veían aceptablemente similares a las originales. Acto seguido medí, de nuevo, todos los aspectos del chasis. No quería más errores de mediciones porque cada centímetro mal medido representaba como una hora de trabajo en el computador. Bien medido, el chasis, empezando por el panel trasero de la cabina, era 7 centímetros más corto que lo medido inicialmente. Ops. La distancia desde cada eje al centro del bogie no era igual, como ya había notado, y no se debía a que los tensores reemplazados fuesen ligeramente más largos.