Estaba muy contento porque suponía que iba a sacar el muñón fácilmente una vez sacara las piezas superior e inferior, pero no hubo caso porque no pude soltar el pivote de abajo que bloqueaba la salida del muñon.
Recurrí al EPC para tratar de ver cómo iban agarradas las piezas pero los monos eran demasiado imprecisos así es que hice lo de siempre… me tomé un té y dejé la cosa para después. Luego, di la vuelta y empecé a desarmar el cubo del lado del chofer.
No hubo miramientos esta vez y apenas solté los pernos la tapa se fue de combazo y salió a la primera, solo para mostar a mis aterrados ojos lo asqueroso del estado del aceite del cubo, negro como la noche y denso como leche condensada. El aceite no se veía tan mal cuando destapé y vacié el cubo previamente. A lo mejor, así como los frenos, no lo habían cambiado nunca, y era lo más probable dado que era la única tapa de cubo que tenía puesta la empaquetadura de fábrica. Los engranajes estaban embebidos en esta melaza pegote y con suerte no se habían fundido.
Las superficies y las piezas de la maza no estaban protegidas por aceite como en el otro lado del camión así es que todo estaba pegado y con óxido superficial, el seguro de los pasadores firme en su puesto. El drama era que el óxido era tal que el cubo se había pegado a la maza y no hubo manera de soltarlo.
Solté las zapatas pero no pude liberar los pasadores tampoco así es que el desarme se quedó estancado en esta fase. Rocié todo con abundante cantidad de sueltapernos de una reconocida marca alemana, pero sin mucha fe, y ordené todo para marcharme.
Como aún quedaba algo de luz, monté raudo la Africa Twin y volé (por decir) hasta el campo, al corral. El tren delantero de Repuesto yacía tranquilo entre la hierba, pero desgraciadamente los tambores de freno no eran iguales, como temía, y no servirían como reemplazo de los tambores de la Merkabah porque eran más pequeños. Mala suerte esta vez. Hmm…