Acto seguido esmerilé para hacerle la vida más fácil a Edi por si se dignaba a volver.
La porción curva resultó un poco más difícil pero el resultado fue suficientemente bueno, y lo que comenzó como un desafío que daba un poquito de miedo terminó bastante bien, pero me llevó más tiempo del esperado, como siempre.
Cuando volví a tener tiempo de ir al taller me dirigí a la parte delantera de la curva del tapabarros, donde la pisadera había sido soldada tan desagradablemente en el pasado. Pasé un tiempo enderezando latas y luego volviendo a dar forma para luego cortar, soldar, esmerilar y hacer el hoyo para el perno de fijación. No fue ni tan fácil ni tan corto como lo cuento pero en realidad no fue más que eso. Bien.
Como hasta entonces no me había tomado mis vacaciones ya estaba algo desesperado por hacer un viajecito, por corto que fuese, así es que aproveché la ocasión de la pre-junta de los treinta años de egresados del colegio y partí en la GS 650 por la costa hasta Iloca. Los neumáticos estaban algo más que gastados pero los repuestos no alcanzaron a llegar a tiempo y, como no tenía ganas de ir en auto, me preparé y asumí el manejo truculento en camino de tierra y partí no más.