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Antiguo 23-04-2014, 02:34:17   #1188
pairospam
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Predeterminado Re: Merkabah: de tolva a motorhome

Me centré en el buje superior, pensando en que si lograba sacarlo podría intentar sacar el muñón y tener mejor acceso desde arriba al porfiado buje de abajo. No hubo caso. Cristo, estaba muy cansado.

Agarré un cincel y con cuidadosos pero potentes golpes el buje empezó a ceder terreno y fue saliendo a pedazos con ayuda de un poco de sierra de metal. Pero no alcancé a terminar y tuve que salir a atender un asunto de trabajo con un dejo de frustración aún a cuestas.



Al día siguiente, viernes, tuve que cambiar los neumáticos de la BMW ya que venía el fin de semana y quería ir a dar una vuelta con Carmen. Me tomó un tiempo sacar la rueda trasera ya que el pasador estaba tan atascado como el bendito buje del camión. Eduardo me ayudó y llevó ambas ruedas a hacer el cambio mientras yo limpiaba, revisaba y cambiaba la cadena y los piñones.



Ya había encargado un juego nuevo de cadena, piñón y catalina. Esta última no tenía ni un solo diente bueno, y el que podía haber quedado se fue a la cresta con las calaminas del camino entre Bolleruca y Duao. El piñón de mando estaba como nuevo así es que lo dejé donde estaba y me guardé el repuesto.



Los nuevos Karoo 3 se veían espectaculares, pero las pastillas de freno estaban en su última décima de milímetro útil así es que encargué un juego nuevo y la moto quedó afirmada en el tronquito mientras yo me cambiaba y partía a trabajar en lo que me da para comer y encargar repuestos.



El sábado que siguió aún me sentía incómodo y frustrado y no quise ni siquiera ver el jodido buje así es que solté un par de fierros más de la cabina y decidí limpiar la bomba de dirección, cubierta de una mierdosa mezcla de ATF, grasa, mugre chorreada desde el piso de la cabina, aceite y asquerosidades varias. Tarde o temprano habría de hacerlo para revisar, imprimar y pintar.





Cuidadosamente empecé a aplicar una brocha con gasolina sobre las superficies de metal y los recovecos, pero Eduardo se apresuró a prevenirme de que no era una buena idea porque podía dañar las gomas y otras partes sensibles, no importaba cuán cuidadoso fuese. Me sugirió, con cierta insistencia, que usara mejor la hidrolavadora para eso, pero la idea de tener otra inundación en mi espacio de trabajo como cuando lavé el chasis y la caja me hizo pensarlo dos veces.

Recordé entonces que él mismo había comprado una de estas maquinitas limpiadoras a vapor, de esas “Llame ya!” de la tele. Se la pedí prestada y, con mucha paciencia comencé a derretir y a sopletear la mierdecilla de la caja de dirección y de sus componentes. El resultado no era ni brillante ni rápido pero era sin duda alguna mejor que quedar chapoteando como patito. Bien.




Mientras maniobraba la manguerita para atacar la mugre con el chorro de vapor me golpeé un par de veces con el tapabarros recién reparado. Todavía me toco y me duele.

Las pastillas de freno no llegaron esa mañana ni hasta el martes siguiente, así que la GS 650 se quedó sola sobre el tronco mientras Carmen, nuestros tres perros y un servidor se fueron de paseo a Papudo en el Montero vía Las Mostazas. Fue un buen domingo.
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