En el taller, al rato, saqué finalmente el perno que bloqueaba el pasador delantero del paquete de resortes y el paquete entero le siguió; cayó con un estruendo al suelo porque subestimé el peso de todos los fierros juntos. Ops.
La mano lucía vieja y extraña. Uno de los pernos estaba roto y no había tuerca delantera. El ojo del pasador estaba orientalizado y excéntrico. O sea, estaba jodido y había que cambiarlo.
Estaba tratando de sacar la mano cuando perdí la concentración por una décima de milisegundo y me golpeé el pulgar contra el chasis. Me dolió. Por un rato no pude usar la mano así que me dediqué a sacar óxido y barro del eje delantero solo con la mano buena. Salió un buen par de kilos de mugre.
Al día siguiente retomé el trabajo sobre los pernos oxidados de la mano y logré sacarla finalmente sin herirme de nuevo, para variar. El acero del chasis no estaba oxidado pero los pernos estaban tan oxidados que no pude mover un par de ellos. Más sueltapernos, y tiempo.
Pero el producto no funcionó esta vez, y no pude sacar los pernos de la mano del lado derecho tampoco, así que como pude retiré el pasador y el paquete terminó también en el suelo. Afortunadamente el ojo del pasador estaba bien.
El soporte del filtro de aire seguía estorbando así que decidí sacarlo entero y aproveché el impulso para sacar las abrazaderas plásticas del fuelle, las que estaban en riesgo de ser mordisqueadas por Dakar y Bujía, los perros guardianes del taller. La maniobra me tomó algún tiempo porque los pequeños pernos también estaban oxidados y no quería por ningún motivo dañar la abrazadera. Conseguir una de reemplazo podría ser muy, pero muy difícil.