Desgraciadamente, y por cierto, eso significaba dejar de avanzar en el camión y dedicar el escaso tiempo a la moto, así que empecé a lavar piezas, algo necesario pero que detesto profundamente. Enfin, a lavar se ha dicho, con una sonrisa tatuada en la cara.
Ya estaba medio volado con los vapores de la gasolina cuando llegó el repuesto del brazo de dirección para el camión. Todavía no lo desenvuelvo.
El lavado prosiguió hasta que todas la piezas brillaban, y se fueron todas a sendas cajas a esperar el momento en que Eduardo y yo coincidiéramos para el armado.
Mientras, y como siempre, la Merkabah pacientemente esperaba, y esperaba. El plan era el de poner a punto la suspensión delantera completa, desde las manos a las abrazaderas, luego hacerle servicio al eje, las homocinéticas y el resto. Me atendría al plan? Probablemente no, pero es bueno tener un plan… al menos.
El trabajo en los paneles de Kurt siguó adelante y pronto estuvieron montados en el marco de aluminio hecho a mano. Stefan armó cuatro soportes con pivotes de goma para poder inclinar los paneles de modo de poder apuntar mejor al pálido e inclinado sol del invierno. La pieza de alta ingeniería solo requería unos pequeños retoques para montarse sobre la Caja del camión.