Punta Baja, Mexico
Punta Baja, langosta, pescados y chistes!
Muchas veces soñamos con encontrar el lugar perfecto para acampar y pasar algunos días. Al parecer y después de 1 hora atravesando hoyos y ríos, poniendo mucha atención en pasar despacio para no destruir a Manfred, llegamos a destino. Una caleta de pescadores en una bahía perfecta.
Un caserío de no más de cinco casas, con gente humilde, trabajadora, todos pescadores. Frente a nosotros una ola perfecta para surfear y ni un turista. Nos estacionamos en lo alto para tener vista de la aldea, el mar y la ola en un lugar privilegiado. Apenas nos bajamos fuimos a hablar con la gente de la única casa que tenía habitantes. En eso salió Doña Bertila con las manos grandes y el corazón enorme.
Señora, nos podemos estacionar en ese lugar para pasar unos días sin que la molestemos?
Puuuuuesss cllllllaaaaaaaro hijo pasele no masss! Aquí queremos mucho a los turistas!!
Y más atrás salió Don Chuy, su marido, aletargado por una siesta que se estaba pegando de más de cuatro horas. La señora lo reto no sé porqué, se despidió y nos dejo invitados para comer. Don Chuy se quedo tantito esperando a que se fuera hacia la cocina y me dijo: Pues joven aquí está claro quién manda no? Y me señala un letrero que decía: “En esta casa la gallina canta, el gallo calla” jauauauauaajajajjajajajaajja.
Una atardecer mágico, olas vacías para surfear. Pelicanos, cormoranes y todo el despliegue de nubes color rosado ante nuestros ojos. Nos fuimos al sobre cuando cayó el sol en un lugar mágico, humilde, lejos de la civilización y de todo peligro.
A las cinco de la mañana la Claudia me pega un manotazo que sin querer me dejo sordo, ya que me dio medio-medio en la paila y me dice:
Escuchas eso?
Chucha (le digo yo) como voy a escuchar si me acabas de sacar la paila de un paipazo!
Paré la oreja y me asome por la ventana del camper: Eran al menos 20 camionetas con carro y bote, mas de 40 pescadores todos lanzándose a primera hora a la mar y antes de que saliera el sol.
Prepare café, y me fui a sapear afuera del camper, todos miraban el camper mientras trabajaban, nos saludaba y levantaban la mano!
Tres horas duro el espectáculo, en camionetas antiguas llenas de oxido, y en una clase magistral al volante, soltaban los botes para adentrarse al mar. Ya este lugar era mágico por donde se le mirara. A las 10 comenzaron a volver los botes y nos acercamos a ver que traían.
De donde son?
De Chile
Pues Orale! Qué bien! Quieren langostas? ..
Nunca las hemos probado! Les contestábamos. Pues arrímate tantito! Migueeeeeeellll!!!!!! Este sí que está bien gay! míralo!!!
Y aparece Miguel.
Dígame Juan Gabriel, Pachonchito pero machito!
Y entre chacota risas y sobrenombres aparece otro con cinco langostas! Tomen, para que se diviertan! Pásenlas a la señora Bertila y ella se las cocinará!
Nos contaban que estas langostas llegaban a los dos días a Restaurantes en Hong Kong por 150 dólares el kilo! Chanfle!! Muchas gracias! Y entre abrazos y cruzadas de mano se despidieron hasta el otro día. Les llevamos las langostas a Bertila y ella nos dijo “Pues Claro, yo se las preparo!! A qué hora la quieren? Hora de comida?” (hora de comida en México es hora de almuerzo)
OOOOrale!!
La mesa estaba puesta como para matrimonio. Tortillas mexicanas, arroz, palta, tomate, salsas, frijoles y una bandeja con langosta para 20 personas, preparadas a la mantequilla. Más atrás estaba Don Chuy poniendo los cubiertos mientras La señora lo retaba!. El festín duro un par de horas mientras cruzábamos palabras con los pescadores que también almorzaban. Con mucho respeto nos saludaban y se sacaban el sombrero en señal de educación. Nos recordó mucho a esas familias chilenas donde aún se esconde la bondad y la sencillez de ese Chile que aun existe pero que cada vez es más difícil encontrar. Después del patache y con los Canadienses que no entendían nada de las conversaciones sobre Bam Bam Zamorano y Marcelo salas, pedimos la cuenta.
Pues solo les vamos a cobrar las bebidas ya que ustedes trajeron la langosta: serían 50 pesos mexicanos, osea: 2.000 pesos Chilenos, dos lucas. QQQueeee!!! Imposible. No le podemos pagar eso, déjenos pagarles más!. Finalmente tranzamos una feria, que es dar una propina. Y nos fuimos a surfear.
En el agua los dos conversábamos. No lo podíamos creer, que aún en este mundo exista gente que no trance por dinero, sino más bien por el gusto de recibir gente extranjera y con ganas de conocer.
Cuento aparte son los pescadores, que ya en la tarde volvían del mar, cargados de erizos, pescados, caracoles y exquisiteces marinas. Me acerque a un bote y le pregunto: Me podría vender un pescado para ceviche:
Puesss Claaaaaaarro!! te lo cambio por unos pichos!
Que es un picho? Me refiero a unos brandys!! Qué? A un trago? Claaaarrro!!! Amigo: de dónde eres?
De Chile! OOOrale que gusto!!! Dame una cervecita y te paso un pescadito pues.
Nos acercamos a ellos después de que descargaran el bote, conversamos un rato, intercambiamos unas cervezas y nos regalo cuatro pescados gigantes. No lo podíamos creer. Pueees este para el horno y este para la cacerola, y este para ceviche y bla bla bla. Risas y buena onda!
Nos azotamos cuatro días en este lugar. Surf, atardeceres mágicos, gente sencilla, pescado fresco, langosta y una calidez humana difícil de transmitir. Punta Baja un lugar único.