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Antiguo 09-08-2014, 21:16:05   #1234
pairospam
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Predeterminado Re: Merkabah: de tolva a motorhome

En el pequeño taller de Victor, un par de días después, trabajar con los ejes flecha no fue nada de fácil. Maniobrar con los fierritos en la prensa para soltar las crucetas fue muy peludo y demandante, especialmente tratando de hacerlo solo.

Ya tenía una de las crucetas sueltas cuando Victor llegó y pudo darme una mano. Él había trabajado en una empresa donde fabricaban maquinaria agrícola y tenía bastante experiencia con cardanes y piezas por el estilo, algo oxidada, pero experiencia al fin. La cruceta dio una feroz batalla hasta el final, pero finalmente perdió. Tuvimos que esmerilar el borde de uno de los dados de los rodamientos para sacarla. No fue nada sencillo, incluso se dañó un poco la mano cuando las maniobras, algo sin importancia según Victor. Esperaba y tuviese razón.






Cuando dije que no había más moto que arreglar en realidad estaba exagerando, ya que la Honda requería un cambio de piola de embrague y del termostato, y solo estaba esperando a que llegaran los repuestos. Bien, cuando llegaron ya no tuve más excusa.

Corriendo contra reloj saqué el tanque de gasolina y desarmé la mitad de la moto para poder reemplazar el termostato y cambié la piola de la moto por la nueva. Alejandro, el argentino sobredimensionado, se rió de mí porque había dicho que no quería desarmar la moto al menos en un año. Hmm…





Armé todo de nuevo solo un par de minutos antes de tener que ir al trabajo. El embrague, completamente renovado ahora, era de una suavidad exquisita; la diferencia entre antes y después del overhauling estaba ahora completa, y la moto subió un par de puntos mi escala de gozo.

Al día siguiente tomé la muestra de la cruceta y después de almuerzo corrí/volé a Santiago a buscar los repuestos. Visité los ocho más renombrados locales de venta de crucetas en la ciudad, y ninguno tenía las raras y carísimas crucetas desplazadas de 38 mm que andaba buscando. El último de los vendedores, un señor ya mayor y con mirada piadosa, se compadeció de mi cara desesperanzada y me dijo que por allá por Ecuador había un negocio que probablemente tuviese las piezas que buscaba. Para allá partí.

En el lugar, un pequeño negocio muy bien surtido de piezas para cardanes de variopinta naturaleza y marca, el tipo miró la cruceta sin mucho afán y con el calibrador midió los dados. Cuántas quiere? - me dijo, casi sin asunto. Cuatro! Me salió del alma. Un segundo y medio después me asaltó la duda; Hmm… demasiado fácil.

Cuando el vendedor apareció desde la bodega cargando las cuatro crucetas nuevas le dije que se fijara bien, y claro, no eran desplazadas; no servían. Ops. Tomó el teléfono e hizo una llamada breve que terminó en el fatídico: gracias de todos modos. Así que ya sabía que ese era uno de esos días poco afortunados. Mal. Sin embargo, el tipo me dijo que se podían mandar a hacer, con tratamiento de endurecimiento incluido y tomando como base crucetas Koyo de 38 mm. Estuve de acuerdo en pedir un presupuesto y dejé mis datos y la cruceta, no muy convencido, pero al menos era una posibilidad.

Me subí a la Honda y me sumergí en el arremolinado tráfico de la hora pico de la tarde del Viernes Santiaguino, pasando los siguientes 45 minutos esquivando buses, colectivos, cretinos hablando por celular y decenas de motos que adelantaban por entre los autos, hasta que me tuve que tirar a un lado apenas vi un Starbuck’s. El tráfico me estresa más que cualquier obstáculo o cuesta en la montaña. Cuando me calmé y descansé partí de nuevo y me reuní con René y Karen Larraguibel en la clínica donde el papá de René había sido operado y se estaba recuperando. Los viajeros hicieron una pausa en su recorrido para acompañar al enfermo. A sus ochenta y tantos su evolución era sorprendente según todos.

Fue un buen encuentro aunque algo breve. Volverían a sus andadas tan pronto como fuera posible. Yo regresé a casa con las manos vacías, pero contento por la oportunidad de poder volver a verlos.

Sábado: tiempo de seguir adelante. Antes de salir al taller el vendedor de la tienda de cardanes llamó. Sí, por supuesto se podían fabricar las crucetas, por 250 lucas cada una. Le agradecí su amabilidad y me olvidé del asunto. Era un poco más caro que traerlas desde Alemania, nuevas y originales. Tenía que tomar decisiones, sin muchas opciones.

Me pasé toda la tarde en el taller trabajando en el eje delantero. Hice algunos movimientos mágicos para traer el tecle móvil para levantar el eje y ponerlo sobre los caballetes. No eran los caballetes hechos por mí y especiales para los ejes porque Eduardo los había usado para otra cosa hacía un rato, pero era mejor que trabajar en el suelo.



Como siempre, empecé sacando mugres varias con la espátula y con fierritos. Cuando limpiaba uno de los bujes de todo el aceite y la grasa una golilla particular apareció. La del otro lado no estaba; seguramente no la habían cambiado, solo la habían sacado.


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