Hola a todos. Gracias por los saludos y las buenas vibras, houndour y gunvier. Además de agradecerlas se contracambian, con todos los parabienes del caso.
Vaya… hace un mes que no me aparecía por estos lares con novedades respecto de la Merkabah y del mundo en torno a ella. No ha habido muchas pero las que se han producido se las cuento a continuación.
Llegó el Año Nuevo, y con él mi colega de vuelta de vacaciones. Un respiro del doble turno eterno y a Papudo los pasajes para pasar una tarde de caminata en la playa con Nigel y Verónica en compañía de los perros, felices ellos de corretear y mojarse entre medio de cientos de bañistas; yo no tanto. Fue un muy buen paseo y el almuerzo/cena estuvo a la altura.
Y seguí haciendo cosas en la cabina. Me dediqué la siguiente tarde a repasar y desabollar una increíble cantidad de pequeños y medianos abollones que tenía el techo. Había olvidado en casa tanto el esmeril angular como los tapones de oídos así es que no quise perder el tiempo en ir a buscarlos y avancé a martillazos en el techo, lo que igual me iba a ocupar tarde o temprano.
Cuando me aburrí de los pititos en los oídos de tanto golpear latas, tomé la soldadora y reforcé por dentro y por fuera todas las soldaduras que había hecho, para que no se me escapara ni un solo hoyo. Igual se me pasó un par, pero nada de lo que la silicona de chasis y la masilla no pudiesen ocuparse.
No hay fotos de eso porque evidentemente es muy fome y poco notorio.
Sábado, de nuevo. Me aseguré esta vez de llevar al taller todo lo necesario y me puse el empolvado overall, o lo que queda de él, para otra sesión de soldadura y esmeril.
Para esta ocasión había decidido hincarle el diente al punto donde el óxido había hecho estragos en uno de los pilares delanteros de la máscara, no sé cómo llamarlo. El cuento es que era un punto álgido desde la perspectiva estética y también estructural y era menester repararlo sí o sí en algún momento.
Como siempre, hice un primer abordaje más bien conservador para explorar y me encontré con que la chapa estaba más comprometida de lo que se podía apreciar desde fuera. En algún momento se filtró agua por entre la chapa externa y el pilar, proveniente a lo mejor del circuito del limpiaparabrisas, y un relleno de goma de fábrica impidió que corriese y drenase el agua libremente, acumulándose y de a poco oxidando y comiéndose el acero.
Comencé con una cirugía mínimamente invasiva y al final terminé haciendo cirugía mayor, exponiendo ampliamente la chapa para poder trabajarla y remover todo el óxido. Confiaba en poder obtener un parche de un donante conocido, adivinen de quién… sí, de Repuesto, pero al recorrer más tarde la colección de fotos me encontré con que también el viejo y nunca bien ponderado camión tenía óxido en ese mismo punto. Hmm…
Ignorante y confiado, proseguí con el cepillo metálico más agresivo y limpié el óxido que encontré por ahí. El resultado era bastante bueno y la herramienta no hacía vibrar tanto el esmeril angular así es que me entusiasmé y cepillé varios lugares cubiertos por lo que resultó ser óxido muy superficial. Bien.
Le dediqué algunos minutos también al abollón delantero y esta vez quedó lo suficientemente decente como para dejarlo así y terminar el trabajo con masilla. Esperaba poder replicar el trabajo de Edison, pero otra cosa era con guitarra.
Domingo: día de escapada en moto. Hacía unas cuantas semanas la Yamaha esperaba un poco de uso, pero mi columna no estaba muy de acuerdo. Esta vez no había excusa así que los cerros de San Felipe ofrecieron un buen desafío para los 450 cc japoneses y para el suscrito, alejado de las pistas desde hacía demasiado tiempo. La vista desde la punta del cerro era espectacular, a pesar de que la aridez de los cerros atestiguaba la sequía de la que los valles del Putaendo y del Aconcagua sufren desde hace cinco años, y el calor del sol de mediodía casi me derretía los sesos bajo todos los atavíos y el casco.
Siempre me preocupó la erosión de los cerros producida cuando uno anda en moto, pero al ver la tremenda cagada que hicieron con una ladera entera del cerro para plantar, probablemente unos paltos, la verdad es que nunca más me volverá a preocupar ese tema. Hay otros que la hacen muchísimo peor, y el pobre cerrito tiene que aguantar.