Lunes por la tarde, otra vez. Continuaba pensando y fabricando los soportes de la caja del winch delantero, tarea que se había prolongado increíblemente en el tiempo. Era el momento de taladrar. Oh cresta… me carga hacer hoyos! Por la mañana encargué un taladro de pedestal de tamaño mediano para hacer los agujeros de más de 13 milímetros, pero lo entregarían en una semana, más o menos, así que daba lo mismo. Tenía que empezar ya.
Medí y requetemedí todo de nuevo y empecé con los agujeros básicos para apernar el winch a la caja de modo de poder situar los demás hoyos para apernar la caja al soporte y así con todos los demás agujeros, ad nauseam.
Dije que iba a ser imposible apernar el winch desde abajo a la caja por la proximidad del radiador, pero ni siquiera iba a poder acercarme porque los caballetes y los troncos que sujetaban el chasis de la Merkabah bloqueaban completamente el paso. Si quería hacer las cosas bien tenía que sacar esos obstáculos y liberar el paso para poder probar y marcar la situación del winch in situ.
Modifiqué ligeramente los soportes de cuatro patas que fabriqué hace un par de años y los puse debajo de los largueros del chasis, sin problemas. Los fierros se retorcieron y rechinaron un poco ante la fuerza de la poderosa gata hidráulica española, pero solo fue una leve protesta bastante floja. Los troncos y los caballetes volvieron a ser parte del caos que rodea la Merkabah.
Tuve ciertas dificultades para sacar y reemplazar los pernos que afirmarían el soporte transversal del winch al chasis ya que estaban pegadísimos por el óxido de los siglos y no pude probar cómo quedaba la caja para seguir haciendo mediciones y hoyitos. Los rocié con suelta-pernos y me dediqué a hacer el calado a la plancha superior de la caja para alojar el refuerzo trapezoidal del tiro frontal del camión.
Era algo tarde y ya había sonado un par de reclamos así es que rápidamente corté, relocalicé y soldé el pedazo de fierro mientras Carmen terminaba con sus cosas en la oficina. Fuimos a tomar un café con un pastelito a un agradable negocio del centro. Estaba aún caluroso a las diez de la noche.