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Antiguo 10-02-2015, 16:20:57   #1347
pairospam
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Predeterminado Re: Merkabah: de tolva a motorhome

Unas cuantas maniobras y cortes más para completar la pestaña delantera superior y ya había que pensar en la tapa. Para ello puse el winch en posición, una vez más y para no equivocarme, y medí todo de nuevo. La idea era de usar un trozo curvo del refuerzo interior del chasis de Repuesto y soldar dos trozos nuevos de plancha de acero para hacer la tapa pero, escudriñando por entre las cajas y los pedazos de fierro desparramados, encontré que un trozo más completo de chasis interior podría ser la solución ideal, no importaba que estuviese perforado por un lote de agujeros ya que todos menos uno coincidían con los pedazos que había que cortarle para que las partes prominentes del winch se asomaran. Así, además, habría que soldar una sola placa.





Cortar, recortar, ajustar, taladrar hoyos, soldar tuercas y otros fierros, limpiar, esmerilar y confirmar que todo esté bien. Luego de varias horas la caja tenía tapa. Resultaba difícil de creer que una cosa tan simple como una caja de metal para contener el winch pudiese tomar tanto tiempo para su fabricación artesanal, pero luego recordé lo que me había demorado en construir cada una de las piezas inventadas para la Merkabah; era siempre la misma historia y siempre la misma queja. En fin…



Sabiendo que iba a ser necesario recortar formas curvas en la tapa, había encargado hacía algunos días a una conocida ferretería en Santiago una caladora ad hoc bien potente, y compré en una tienda local las mejores sierras de caladora para metal que encontré.

Bueno, llegó el momento de tener que recortar la tapa y la caladora no llegó. Como no tenía muchas ganas de perder el poco tiempo disponible para concretar avances, agarré una caladora casi de juguete que había comprado hacía como diez años por unas pocas lucas y le coloqué las sierras. Pensaba que la iba a fundir al primer centímetro de corte, pero manejándola muy suavemente aguantó con estoicismo el esfuerzo sin recalentarse mucho siquiera. Bien.



Estaba en eso, casi al terminar la jornada, cuando aparecieron Frieder e Irmi, una pareja retirada de viajeros alemanes que hacía un par de años andaban recorriendo el mundo en su Mercedes 1017 de 1982. Habíamos quedado por correo electrónico que llegarían al día siguiente pero anduvieron más rápido de lo previsto, lo que les venía de perillas porque su barco de vuelta al viejo continente zarparía dos semanas antes y tenían poco tiempo para llegar hasta Ushuaia y volverse a Montevideo por el lado del Atlántico.



Frieder, originario de Hannover, ingeniero informático y busquilla, había hecho varias modificaciones bastante prácticas a su camión, entre ellas el snorkel hecho en casa. Me dijo que en Alemania era prácticamente imposible conseguir uno original.

Otra de las cosas que llamaba la atención era la Yamaha que colgaba de un andamiaje movido por un tecle manual, muy simple y confiable, en la pared trasera del camión.



Les ayudé a que Eduardo les hiciera un espacio para poder cambiar un repuesto del sistema de frenos en medio de todas las obligaciones que ya había adquirido para el día siguiente, ordené todo y nos siguieron luego hasta la casa donde se estacionaron en la vereda reservada para los viajeros en camión. Cenaron con nosotros y la velada se prolongó hasta tarde; una muy agradable velada.

Al día siguiente, apenas cambiado el repuesto, los viajeros siguieron su camino. Ya nos habíamos despedido, deseándoles que tuvieran un viaje seguro y sin problemas y que pudieran ver lo lindo de Chile que alcanzaran, ojalá sin mucha prisa.

Al mediodía pasé a recoger la cámara fotográfica que había enviado a limpiar y, efectivamente, luego de quitarle unos cuantos kilos de mugre volvió a funcionar como siempre. El palo que me dieron por limpiarla no fue nada despreciable, pero al menos tenía tres meses de garantía.

Esa tarde mi única preocupación fue la de dejar todas las piezas listas para imprimar. Me urgía seguir con el camión ya que había tomado mucho tiempo la entretención de la instalación del winch. Los discos CSD hicieron su parte y los discos de lija laminada la suya, y las chispas y el óxido saltaron por los aires. Curiosamente nadie dijo nada en el taller. Será porque no me saqué nunca los tapones de los oídos?




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