Sábado por la mañana, y las ganas de usar la pistola de pintar arreciaban. Dispuse todo para tener la justa cuota de espacio, iluminación y ventilación y preparé el washprimer en cantidad aparentemente suficiente.
Empecé con los componentes de la caja del winch pero luego fui agregando a la tabla otras piezas que estaban esperando su turno en las cajas apiladas por doquier. También terminé de limpiar y preparar la zona receptora del injerto en el frente de la cabina y luego la rocié con tres capas de washprimer. Mejor seguro que arrepentido.
En fin, aparecieron otras piezas como los brazos de dirección, las mazas delanteras, los soportes de los pulmones de suspensión, etc. y tuve que ir esperando a que se secaran y pudieran manipular para ir cambiándolas de lado y luego esperar de nuevo para reemplazarlas por las demás piezas. Fue un trabajo lento y volátil (por el diluyente), como siempre.
Una vez todo estuvo listo, con al menos dos capas de base fosfatizante, empecé con la aplicación del imprimante. Al principio encontré solo tarros pequeños vacíos y me preocupé ya que la tienda no abriría hasta el lunes. Al final encontré un tarro de un galón lleno que había comprado hacía mucho tiempo, sepultado bajo una tonelada de tierra, telarañas, pelos de perro y polvo de esmeril. Para no tener que estar preparando a cada rato, preparé una buena cantidad de una sola vez. Error.
Fueron muchas las piezas y mucho el tiempo que me tomó imprimarlas por uno y otro lado, y la pintura catalizada no aguanta tanto tiempo como uno desearía antes de empezar a ponerse espesa, así es que tuve que botar una cantidad no despreciable, lavar la pistola en forma meticulosa y volver a preparar más imprimante. Por flojo.