Y de nuevo sábado, y yo en el taller, para variar. La tarea del día era dejar todo listo para poder granallar la próxima semana. Quizá era una idea algo ambiciosa pero, en fin.
Otro pequeño soporte salió y dejó al descubierto mugre entre la mano trasera del paquete de resortes y el larguero del chasis. Me entretuve un poco tratando de sacarla toda pero fue imposible. Algo de mugre quedaría de recuerdo.
Con una combinación de disco CSD, gratas de copa, cepillo manual, lija y los dientes, fui pelando y limpiando el larguero del lado izquierdo, el frente y luego el larguero del lado derecho.
Iba haciendo pausas para dejar descansar las manos y los brazos y a la vez dejar que se enfriara un poco el esmeril angular, el que amenazaba con retiro anticipado por abuso. Parece fácil pero me tomó varias horas y a medida que iban saliendo la pintura vieja y la tierra del chasis yo iba quedando más y más cochino.
El disco CSD realmente trabajaba muy bien y ahorraba bastante tiempo para remover la pintura, y con las gratas terminaba los detalles alrededor de los pernos y los remaches.
La caja de dirección, que había quedado bastante limpia de grasa y aceite luego de un porfiado lavado con gasolina la tarde previa, aún requería limpieza de la pintura vieja y de algo de tierra y óxido superficial. Le pasé como pude las gratas para dejarla lo más limpia posible de manera de tener que granallar lo mínimo.
El chasis quedó bien, pero en la foto el flash hace resaltar los remanentes de imprimante así que se ve un poco sucio. Realmente fue un trabajo arduo y sucio, pero valió la pena.
Como había predicho, el Lunes siguiente estaba muy lejos de estar listo para imprimar el chasis. Con mucha calma cubrí de nuevo el motor con papel y lo sellé lo mejor que pude, incluyendo la tobera del radiador que era un lugar del que sería particularmente difícil sacar la granalla. Había que granallar solo en unos pocos puntos, pero los granitos de acero llegan a todos los rincones, incluso donde uno no se lo espera.
Una de las tareas pendientes era la de sacar el perno roto y atorado de la mano delantera del paquete de resortes izquierdo, hasta ese momento imposible de sacar con buenas maneras debido a lo incómodo de su localización. Hice un par de intentos gentiles, los últimos, y luego ocupé el viejo y conocido recurso de agarrarlo a combazos con un vástago grande y resisitente. Salió. Bien.
El paquete del lado derecho estaba puesto, no recuerdo por qué, así que lo saqué también junto con la mano trasera y pude así enmascarar mejor la parte del chasis que no iba a pintar en esta ocasión, por detrás del segundo travesaño. Pintaría todo el resto más adelante, pero primero tenía que armar el tren delantero y todo lo que ello implicaba.