El martes me desperté a las 5:45 AM por los truenos y los relámpagos de la primera tormenta de otoño sobre el valle, la que curiosamente se prolongó por varias horas, como saben. Estaban todos contentos porque por fin caía un poco de agua, bueno… casi todos.
La cagada que quedó ya todos la conocen. Unas fotos aéreas de las zonas afectadas muestran lo extraordinario y lo dramático de lo que ocurrió. Por fortuna la ayuda está llegando y los servicios de a poco se reponen.
Sin verse afectadas por los eventos de fuerzas naturales ni por el sufrimiento y los esfuerzos humanos, las ocho toneladas de acero, caucho, vidrio y plástico de la Merkabah permanecían en silencio, esperando por el rearmado.
En efecto, aún había muchos pernos y un montón de tuercas que necesitaban pintura antes de pensar en armar el resto de las piezas así que me dediqué a esa pega esos días. No es mi trabajo favorito, por supuesto, y no pude pintar en seguida debido a la humedad ambiental.
Estaba particularmente orgulloso de cómo había quedado la pintura de la carcaza del filtro de aire pero tenía un pequeño defecto en la parte superior. Aprovechando la pintura que quedaba retoqué el tarro pero se arruinó la terminación y tuve que pintarlo todo de nuevo, pero no quedó tan bien como antes. Hmm…
Tuve que esperar a que la pintura se endureciera unos pocos días y me dediqué entonces a limpiar el resto del mazo eléctrico, a la vertiginosa velocidad de 50 centímetros por hora. Así de sucio estaba.