Luego del arreglo un viaje de prueba, por supuesto. Invité a Carmen y nos fuimos recorriendo los valles interiores por Putaendo, Las Mostazas, Alicahue, Chincolco, Petorca y terminamos cenando unas ricas pizzas en un boliche en La Ligua. Fue un buen paseo y la Honda estuvo a la altura, como siempre.
Al día siguiente, luego de mi corrida matutina, un feroz dolor al agacharme y quedé en un ay! Otra vez mi espalda. Quizás mi cuñado tenga razón después de todo y correr 14 kilómetros sea mucho para este pobre y maltratado cuerpecito. En fin.
Como estaba limitado y no podía seguir trabajando con los fierros pesados ni con el esmeril angular decidí quedarme en casa y trabajar sentado en algo que había dejado a medio terminar hacía mucho tiempo. Se acuerdan del deflector izquierdo de la cabina, el único que pude encontrar y que estaba roto? Y que yo quería reparar usando remaches? Bueno… ese precisamente.
Eduardo me ayudó usando un cautín y trocitos de malla de parlante, los que, ingeniosamente, se calientan y se funden en el espesor del plástico y que, en este caso, quedaron bastante bien, firmes y sin que se notara la reparación por la cara externa. Adiós a los remaches y a las pletinas.
Al día siguiente, siempre limitado por mi dolor de espalda, seguí con el cuento pero esta vez la terminación de la reparación la haría con masilla. Nunca había trabajado en serio con masilla así que sería un pequeño pero buen entrenamiento para ver sus bondades y sus problemas. Y me las di de enmasillador sobre la mesa del comedor.
La verdad es que es un cuento solo de práctica lograr la mezcla de endurecedor y masilla adecuada para que se endurezca en el momento que uno lo desee y no antes ni después. Luego de un par de pruebas me tiré en serio y apliqué la masilla a los lugares debidamente preparados y entonces lijé con cuatro tipos de lijas distintas, repasé la masilla, rellené y lijé de nuevo hasta que estuve contento con el resultado. Me encantó la cosa aunque el despelote de polvo y lijas no fue menor, y me entusiasmó la idea de reparar yo mismo la cabina y sus múltiples abollones y defectos. Otra especialidad en la que practicar y graduarse para engrosar el currículum alternativo.
Lunes siguiente a Semana Santa. Dolor de espalda más moderado, pero aún con restricción de trabajo pesado, hmm…
Para completar el tren delantero solo faltaba fabricar los suples de las hojas removidas de los paquetes de resortes. Estuve a punto de ir a comprar otro trozo de lámina de acero pero me di una vuelta por los alrededores de la Merkabah y me encontré con que había en realidad un buen lote de hojas desechadas de los paquetes de resortes. Seguramente nunca iba a venderlas ni utilizarlas de otro modo así es que me bajó la indiada y, con cuidado, elejí las que estaban menos curvadas y las marqué para cortarlas a las medidas que se requerían. La soldadura 70/18 en las piezas debidamente preparadas y calentadas sería más que adecuada para mantenerlas en su lugar.
Las hojas de los paquetes traseros tenían casi una pulgada de espesor así es que servirían muy bien al propósito deseado. Con atención y paciencia, cuidando mi espalda, fui cortando las hojas lentamente para hacer durar los discos ya que me daba mucha lata tener que salir a comprar más. La curvatura de los trozos era apenas perceptible así que resultaba completamente irrelevante para la funcionalidad y la estética de los suples.
Por supuesto, al cortar al ojo con el esmeril ninguno de los cortes es perfecto ni mucho menos, así es que para armar el mono como corresponde hube de trabajar un buen poco para alinear correcta y perpendicularmente los trozos de acero usando guías, escuadras y prensas.