Hola a todos de nuevo. La infinita historia de la Merkabah sigue sin pausa ni prisa.
Cuando me asomé por el taller de nuevo luego de las vacaciones encontré que la Merkabah había sido útil al menos por una vez hasta ahora, y la secretaria de Carmen había puesto una plantita sobre uno de los tambores de freno para que le llegara el cálido sol de la tarde. Me enterneció la visión así es que la planta se quedó ahí por algunos días.
En nuestra ausencia hubo lluvias y viento como en los viejos tiempos en San Felipe y en general en toda la zona central, como recordarán, y el viejo y plurirreparado techo no resistió y se llovió por varios lados. Por fortuna (y por previsión) había cubierto el chasis con las mangas de plástico recicladas y así la caja/transfer no se mojó.
Desafortunadamente uno de los soportes para los amortiguadores neumáticos de oxidó, seguramente debido a una deficiente preparación antes de pintar, y habría que repararlo antes de montar la suspensión. No encontré más indicios de oxidación por ninguna otra parte.
Mi padre tuvo mucho trabajo esos días midiendo la cantidad de nieve caída en diversos sectores de la cordillera. Le hice unas cuantas bromas respecto del color del helicóptero que estaba usando. Si se llegaba a caer nadie hubiese sido capaz de encontrarlo en medio de la nieve.
Volví a mi trabajo y, como siempre sucede de vuelta de vacaciones, había un montón de cosas por hacer así es que el proyecto quedó de lado. El tiempo aún estaba frío y húmedo así es que ni hablar de pintar. Para seguir avanzando agarré la bomba hidráulica de la cabina y la desarmé para ver que tan mal estaba. Harto mal en realidad. La caja tenía dos puntos de fijación fracturados y los o’rings habían jubilado hacía mucho, pero mucho tiempo.
El pistón hidráulico corrió la misma suerte en el banco de trabajo pero no se veía tan mal, aunque la baba que contenía no se parecía en nada al fluido hidráulico que debería albergar. Al desarmar se dañó uno de los componentes y no pude encontrar el repuesto localmente así es que Eduardo se encargó de la gestión de conseguirlo, y de averiguar sobre un nuevo cilindro en caso de no encontrar repuestos.
Uno de esos días llegó una caja de Alemania, un envío muy esperado. Dentro venían las nuevas crucetas de las homocinéticas. Estaba muy contento y expectante ya que tenía muchas esperanzas de que fueran las piezas correctas esta vez. Las tomé junto con las piezas centrales de las homocinéticas e hice una serie de mediciones con el calibrador. Cresta… las crucetas eran más grandes! Los dados eran adecuados pero los brazos eran más largos: dos milímetros respecto de la cruceta original Mercedes y un milímetro para la no original. La verdad es que era un inconveniente muy serio ya que no había más presupuesto para este ítem. Con Eduardo nos pusimos a pensar en alternativas de solución y pensamos inicialmente en modificar las crucetas y acortarlas, pero habría que buscar un tornero experto para hacerlo. El amigo que las había comprado y enviado desde Alemania tampoco podía creerlo; todo estaba correcto y verificado varias veces.
Le di vueltas al asunto un par de horas y luego conseguí guardarlo en la bandeja de “Asuntos por resolver” en mi cabeza, luego me ocupé de otros, más fácilmente manejables.