La verdad es que la única cordura que conozco, es la de las telas que se usan para las carpas de techo.


En estos menesteres de las transformaciones se requiere un poco de desajuste cerebral, de lo contrario no te metes en estas aventuras, que al igual que los viajes de Colón y Marcopolo, se sabía donde comenzaban pero nadie sabía donde ni cuando terminarían.
Bendita sea mi demencia que me hace salir permanentemente de mi espacio de comodidad y me lleva a expandir mi horizonte día a día.
Nigel