¿Qué motivaciones puede tener un farmacéutico y padre de familia de la ciudad francesa de Valenciennes para irse a empujar una moto de 200 kilos a las dunas africanas?
No muchas, pero, para un enamorado de las dos ruedas como este, los argumentos son poderosos. Por un lado, la pasión por el Dakar, y por otro, la amistad. Y es que hasta hace dos años, Dominique Brié no había tocado una moto todoterreno en su vida. Su carnet de moto no le servía más que para algunas salidas en carretera. Para el farmacéutico acomodado, el Dakar no era más que un sueño de juventud, o más bien una carrera de alto nivel inaccesible para el común de los mortales. Pero un día se cruzó con Régis Blanckaert, uno de los fundadores del Ch’ti Team y uno de los habituales del evento. Como para muchos otros aficionados, este encuentro le hizo darse cuenta de que era capaz de llegar hasta el final. "Régis me convenció para lanzarme. Antes de conocerle, yo pensaba que los motoristas del Dakar debían ser unos tipos algo descerebrados para aventurarse en aquello", recuerda Dominique.
Régis Blanckaert, concesionario de motos del Norte de Francia, le dio al farmacéutico el empujón definitivo. Así, tras tres meses de entrenamiento en enduros y conseguir terminar un Shamrock, Dominique Brié decide inscribirse en el Dakar 2006, pero a cuatro semanas de la salida, un esguince de tobillo le priva de la carrera. Este año, Brié se ha puesto a punto tomando clases de navegación con un amigo piloto y, tras haber coincidido con Luc Alphand en el avión que les llevaba a Marruecos, el de Valenciennes espera con impaciencia el comienzo de su sueño. "¡El Dakar es lo máximo!" Más allá de esto sólo queda la luna, pero eso no va a poder ser". El espacio no forma parte del programa, pero, después de todo, entre Valenciennes y Dakar hay kilómetros y obstáculos suficientes para hacer un viaje más que excitante.
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Saludos.
Pipo Zaro
Snarks