Por un lado, las motos, los coches y los camiones. Por otro, África, sus bosques, sus pueblos y el Sáhara.
Lo que a priori parece una combinación imposible es en realidad una idea de vanguardia; una inspiración que ha permitido el rencuentro de dos mundos y la consolidación de una relación privilegiada. No se trata únicamente de deporte, sino de muchas cosas más. El afán aventurero en un continente desconocido ha dado lugar a una curiosa máquina capaz de fabricar emociones. Emociones que experimentan centenares de pilotos al descubrir y explorar esta particular tierra y que se mezclan con las emociones de los propios africanos en los pueblos, los oasis y la sabana o brousse. Superada la fase inicial de asombro y fascinación, en ocasiones recíproca, se ha consolidado un vínculo afectivo entre dos entes colectivos: el Dakar y África.
Transcurridos 28 años de historia, esta relación ya ha alcanzado la madurez. Ya no se trata únicamente de buenos sentimientos, sino de un intercambio entre socios adultos, decididos a disfrutar y a trabajar juntos. Este Dakar, que ha evolucionado con el paso del tiempo, algunas veces a través del dolor, ha encontrado su sitio en el África moderna. La hospitalidad de sus pueblos suscita en nosotros el deseo de acompañarles en su andadura. Con sus medios y pretensiones, el rally se desarrolla no ya para África, sino con África.
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Saludos.
Pipo Zaro
Snarks