Claramente tiene ganas de hacer las cosas bien.
Por esta razón, Anthony Fillatre ya identificó su punto flaco antes de salir para Lisboa. “Es necesario que controle mi ímpetu”, reconoce este joven, después de reflexionar sobre esta gran oportunidad que significa correr el Dakar por primera vez. Sin embargo, no podía ni imaginar que esa energía desbordante que le caracteriza le iba a jugar una mala pasada ya en la primera especial portuguesa. “Tan solo después de unos kilómetros me he encontrado sobre el costado y eso que no tenía la impresión de haber forzado la máquina. No soy capaz de ir más despacio. En cualquier caso me he puesto en pie enseguida y he continuado, aunque me he desgarrado un músculo a la altura de la pantorrilla”, dice cojeando aún dos días después de la acrobacia.
Amigo desde hace mucho de la familia Morel al completo, Anthony esperaba poder correr más o menos junto a Antoine, el padre, y Alan, el hijo. Pero la diferencia en la clasificación tras el fallo del primer día y un pinchazo que le retrasó aún más el segundo, le han condenado a un viaje en solitario. Una situación que puede jugar finalmente a su favor en lo que al aprendizaje en rallies se refiere. “Es necesario que aprenda sobre navegación. Aparte de un intensivo de una semana en la que nos hemos entrenado en la lectura de rutómetros, no tengo ninguna noción. Espero que antes de las etapas en Mauritania haya conseguido llegar a su altura en la clasificación general (de Antoine y Alan Morel), porque me da algo más de miedo quedarme a mi suerte allí”. Además de aprender a leer resulta imprescindible aprender a ser prudente.
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Saludos.
Pipo Zaro
Snarks