Re: Para los amantes del altiplano.
Continuación capítulo II
Seguimos subiendo y bajando por las quebradas y los filos solitarios con preciosas vistas en un sendero angosto, duro y a veces muy, muy cerca de un precipicio. Nos seguíamos acordando de nuestro argentino pero dado lo maravilloso de las vistas y la falta de problemas técnicos en el camino, ya nos hacía agradecerle la recomendación.
Pasaron varias horas hasta que llegamos a un llano arenoso para luego remontar una subida hasta otro llano donde estaba la bifurcación entre la mina y la huella para Antofagasta de la Sierra. Seguíamos subiendo en altura y llegamos hasta los 4.200 m. a un arenal tan “pesado” que tuve que bajar a unas 12 libras la presión. Aquí se me complicó un poco la situación ya que el viento borraba la huella, sin embargo, a poco andar y con ayuda del GPS, la retomamos nuevamente y comenzamos a descender cruzando un par de bofedales y luego por otros espectaculares arenales.
Luego llegamos a los famosos Campos de Piedra Pómez. Formaciones rocosas de caprichosos contornos esculpidos por el viento. Una maravilla.
Ya nos quedaba poco rato de luz y aún cuando el GPS nos indicaba que estábamos cerca de la carretera, sentíamos que la distancia no se acortaba ya que teníamos que avanzar muy lento.
Por fin, pasadas las 20.15, cuando quedaban pocos minutos de sol logramos llegar a la carretera y dado que estaba oscureciendo decidimos quedarnos en El Peñon, distante unos 25 Km. de nuestro destino original. Estábamos agotados tanto por las horas bajo el intenso calor cómo por la tensión de la soledad. En el recién construido hotel conocimos a un matrimonio brasilero con dos hijos de unos 6 y 8 años que también estaban recorriendo el altiplano argentino. Conversamos unos minutos, compartimos experiencias y le traspasamos la ruta que hicimos ese día, ya que ellos la querían hacer a la inversa al día siguiente.
Y nos fuimos a dormir.
|